El COVID 19 abrió las puertas para una nueva ola de lavado de activos
agosto 08, 2020

Autor: Atty. Rafael Gabela Salvador

rafael.gabela@fexlaw.com

La crisis de salud por la cual el mundo está atravesando es una sin precedentes en la historia moderna. La pandemia que se ha expandido de forma global a raíz de la propagación de la enfermedad del coronavirus ha causado grandes estragos, muchos de los cuales aún no se pueden cuantificar. Sin embargo, el mundo viene adoleciendo por varias décadas de otra enfermedad igualmente destructiva y de difícil detección, el lavado de activos. El coronavirus y el delito de lavado de activos comparten muchas similitudes: ambos son amenazas a la economía mundial, son fenómenos de difícil detección, y si no se toman las medidas necesarias para erradicarlo el “contagio” es rápido y se expande fácilmente. De forma análoga, para combatir ambos males el cumplimiento riguroso de normas de prevención es crucial. La pandemia del COVID 19 significa un cambio de paradigma global: la forma que hacemos negocios cambiará radicalmente, la forma de interactuar entre los seres humanos no será la misma que en años anteriores, los avances tecnológicos crecerán de forma acelerada y exponencial. Así mismo el fenómeno del delito cambiara, y, por lo tanto, debemos estar preparados para enfrentarlo con herramientas más eficaces y precisas. La pregunta es justamente esta, ¿Acaso estamos preparados para hacer frente a lo que se viene?

Para la mayoría de naciones el delito de lavado de activos representa un desafío complejo en lo relativo a su prevención, descubrimiento y acción legal. Históricamente el delito de lavado de activos se consideraba como una forma de encubrimiento, pero debido al peligro que este representa, ahora su tratamiento como un delito autónomo es prevalente en la gran mayoría de legislaciones. En el plano internacional este delito representa un problema de dimensiones titánicas, tanto es así que según reportes emitidos por la Organización de las Naciones Unidas a través de su Oficina contra la Droga y el Delito (UNODC), se calcula que aproximadamente 1.6 trillones de dólares producto de actividades delictivas son lavados mundialmente. Estas son cifras alarmantes.

El surgimiento de nuevas técnicas para blanquear dinero, las cuales son cada vez más refinadas y complicadas, aumentan la dificultad de enfrentar este delito. El desarrollo tecnológico de los últimos años ha significado que ahora los criminales cuentan con una mayor gama de opciones para perpetrar actos ilícitos y ocultar las ganancias de sus actividades delictivas. Un ejemplo claro de esto es el surgimiento de las criptomonedas y otros activos digitales, que pese poseer una gran cantidad de ventajas para la realización de negocios lícitos, también han sido una herramienta eficaz para que los criminales oculten las procedencias ilícitas de su actividad delictiva. Para ejemplificar esto de una manera más clara vasta con analizar el gran problema que representan los Mixers o mezcladoras de criptomonedas para la detección del blanqueo de capitales, herramienta virtual cuyo acceso se da de forma casi exclusiva a través de la Deep Web y que consiste en un instrumento útil para aumentar el anonimato de las transacciones de criptomonedas. La forma en la que opera un Mixer es bastante simple, un usuario envía sus criptomonedas a la dirección de un mezclador, el cual es registrado individualmente para cada usuario. Las monedas se mezclan con transacciones de otras personas o se distribuyen entre cientos de miles de carteras que pertenecen a un mezclador. Una vez que se completa el proceso, criptomonedas “limpias” se transfieren a un almacenamiento preestablecido, ya sea de vuelva al remitente o al nuevo propietario.

Esto es solo una pequeña muestra de cómo nuevas e inventivas formas de lavar dinero han aparecido en los últimos años fruto de la revolución tecnológica que estamos viviendo. Sin embargo, nuevas formas de perpetrar este delito van surgir a raíz de esta crisis provocada por el COVID 19. De hecho, un crecimiento en la incurrencia de ciertos tipos delictivos se ha evidenciado a raíz del inicio de la pandemia del COVID 19. La mayoría de estos delitos sin embargo son delitos informáticos: phishing, hacking, cracking, fraude informático, etc. También se ha evidenciado el aumento de las estafas piramidales (esquemas ponzi), adulteración y/o falsificación de productos médicos, crímenes relacionados con la corrupción (por ejemplo, delitos de peculado o malversación de fondos públicos en contratos estatales para adquirir insumos médicos con sobreprecio), etc. Un suceso que evidencia lo anterior es que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) rama investigativa del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Fiscalía de los Estados Unidos por el Distrito de Columbia, dentro de la Operación Promesa Robada, confiscaron un dominio de internet fraudulento que iba a ser empleado por un delincuente para vender kits para diagnosticar el COVID 19 falsos a través de ese dominio de internet aprovechándose de la emergente crisis de salud. El Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos también indico que, desde el 23 de abril de 2020, sus agentes especiales han iniciado más de 232 casos, han realizado un total de 376 incautaciones, han hecho 6 arrestos, han ejecutado 12 órdenes de allanamiento, y han incautado más de tres millones de dólares en ganancias ilícitas.

El aumento de la criminalidad y las recesiones económicas es un fenómeno que ha sido recurrente a lo largo de la historia. Durante la Gran Depresión, las mafias ítalo-estadounidenses, que ya lucraban del contrabando de alcohol durante la Ley Seca, escalaron sus operaciones. Durante el periodo del colapsó del sector inmobiliario estadounidense el narcotráfico genero ganancias nunca antes previstas. Tristemente en tiempos de crisis los criminales encuentran las circunstancias idóneas para expandir sus operaciones delictivas. Este fenómeno se debe a varios factores, uno de ellos es que durante las crisis existen menos recursos económicos para invertir en seguridad y prevención de delitos. Actualmente las empresas están quebrando y enfrentan desafíos operacionales lo cual, al reducir sus ingresos, las obliga a despedir personal, por lo tanto, tienen menos personas para monitorear operaciones sospechosas y para implementar sistemas de prevención de delitos. Un segundo factor es que, a nivel estatal, los recursos y la atención van a estar enfocados en otras prioridades. En la crisis actual los sistemas de salud de muchos países están colapsando dado al gran número de contagios, por lo tanto, estos países centraran sus esfuerzos en luchar contra el virus y no contra la delincuencia. También esta ocurriendo que muchos países han “relajado” sus normas de cumplimiento. Por ejemplo, en las Bahamas, los deberes y obligaciones de las instituciones financieras bajo la Ley de Registro de Propietarios Beneficiarios de 2018 se han suspendido temporalmente dado las restricciones en el comercio producto del surgimiento del COVID 19. Pero lo mas grave de todo esto, es que muchas empresas, negocios o instituciones financieras, van a hacer la vista gorda frente al crimen porque incluso puede que sea su única salvación frente a la insolvencia. El ex director ejecutivo de la UNODC, Antonio María Costa, revelo que el dinero del crimen organizado era lo único que evito que algunos bancos no entren en insolvencia durante la crisis financiera estadounidense del 2008.

Ahora bien, pese a que por el momento no se ha reportado un aumento de lavado de activos a nivel global, dado a muchas instituciones financieras entraron en un “bloqueo”, es iluso pensar que no existirá un repunte de este delito. Como hemos manifestado antes, se ha reportado un mayor número de delitos informáticos, de corrupción, estafas y de falsificación de insumos médicos. El delito de lavado de activos es un delito autónomo, pero el origen ilícito de los activos proviene de una conducta criminal previa. Esto en la doctrina se conoce como delitos conexos o subyacentes. Por lo tanto, todos los criminales que han incursionado en actividades delictivas a raíz del inicio de la pandemia tendrán que incurrir en el delito de lavado de activos para así gozar de las ganancias mal habidas de sus crímenes. Una predicción que muy probablemente se hará realidad es la siguiente: a raíz de la crisis económica mundial que ha surgido por la pandemia del COVID 19, las cifras de lavado de activos crecerán vertiginosamente.

El Grupo de Acción Financiera de Latinoamérica (GAFILAT) ha emitido un informe en el que señalo varios fenómenos que pueden significar un riesgo para el lavado de activos y financiamiento del terrorismo. El GAFILAT indicó que se espera una reducción en el volumen de reportes de operaciones sospechosas y también retrasos en la obtención de información adicional requeridas para las investigaciones necesarias. Así mismos señalo un aumento de delitos relacionados con la corrupción, aumento de fraudes financieros y estafas. Pero también da algunas sugerencias de buenas prácticas para tratar de mitigar los riesgos emergentes. Sin embargo, ahora depende los países miembros aplicar dichas sugerencias para que estas no queden como una simple declaración de buenas intenciones. Más aún, un eje central de cada estado debe girar en torno a implementar nuevas alternativas para combatir este riesgo.

Tristemente las crisis y el crimen forman parte de un círculo vicioso, un uróboros perverso el cuál no parará de crecer si no tomamos acciones urgentes y efectivas para enfrentarlo. Sistemas robustos y rigurosos de Compliance, con un enfoque en medidas ALA y CFT es un requisito crucial para prevenir esta nueva ola de lavado de activos. La crisis provocara un crecimiento exponencial del crimen, pero así mismo también de la tecnología que puede ser una gran aliada para combatir los actos delictivos. Para todos los que trabajamos en el mundo del Compliance, esta crisis puede ser una gran oportunidad perfecta para reinventarnos y encontrar soluciones más efectivas para combatir el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.

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